jueves, 29 de noviembre de 2012

Las derrotas del 25-N

Hace cuatro días que los catalanes y las catalanas nos aproximamos a las urnas para ejercer nuestro derecho a voto y dar a conocer nuestra opinión sobre la situación política de nuestro país.


Del resultado electoral del 25N quiero hacer referencia al desastre convergente, al que el tiro le ha salido por la culata y la derrota sin paliativos del Partit dels Socialistes de Catalunya, que continua en caída libre.
La pérdida de 12 escaños por parte de CiU es una muestra de que la mala gestión se paga, por mucho que se quiera tapar con otros debates, aunque estos sean identitarios. Pero sobretodo demuestra que la ciudadanía no gusta de despotismos y mesianismos como los que CiU y sobretodo Mas han practicado durante esta campaña.
Además, ha quedado demostrado que los electores entre una copia y el original siempre se quedan con el original, y el original en cuanto a independentismo en Catalunya es ERC y no los que se han querido subir al carro en los últimos meses como es el caso de CiU.
Respecto al PSC decir, que entiendo la pseudoalegria de algunos la noche electoral, pues todas las encuestas indicaban que la caída en votos y escaños iba a ser mayor, pero ya ha pasado y no tenemos motivos para estar contentos. Ningún motivo.
Podemos perder el tiempo pensando que mayor ha sido la caída de CiU, pero eso no hará que recuperemos escaños, ni que volvamos a ser el referente de la izquierda en este país.
En los últimos cinco procesos electorales el PSC ha perdido más de la mitad de sus escaños, de 52 en 1999 a los 20 actuales. Unas veces lo hemos tapado porque hemos gobernado, otras porque el desplome se esperaba mayor y ahora algunos lo quieren tapar con el fracaso estrepitoso de Mas.
Pero la realidad es que el PSC arrastra un problema electoral en Catalunya desde hace 10 años, y algunos parece que no lo quieren ver o no son capaces de verlo.
Hoy somos segunda fuerza en votos y tercera en escaños en Catalunya, pero hay que mirar más allá. El PSC se ha convertido en tercera y cuarta fuerza política en multitud de municipios y sus porcentajes de voto están en torno al 14% en la mayor parte del territorio, incluso inferior en algunos puntos concretos. Un partido con esos indicativos no es alternativa de nada, y si tenemos esos resultados es porque hay cosas que se están haciendo mal.
La pérdida de un mensaje claro de izquierdas, no tener un discurso inteligible en cuanto al modelo territorial, las diferentes voces internas generando confusión a nuestro mensaje y el habernos convertido en multitud de ocasiones en meros gestores y no en transformadores de la realidad que nos rodea mediante nuestra acción política, han hecho que el PSC hoy no sea un referente útil para la ciudadanía.
El resultado es la pérdida constante de votos, que nos pueden llevar a la total irrelevancia política si no ponemos remedio.
El PSC ha de volver a ser una herramienta útil para la ciudadanía, hemos de volver a conectar con el entramado social, cultural, académico… de nuestra sociedad. Se ha de abandonar la endogamia propia de las estructuras clásicas de partido. Se han de modernizar nuestras estructuras para permitirnos ser permeables con nuestro alrededor.
Hemos de democratizar nuestra toma de decisiones y la elección de nuestros representantes, haciendo que todos los militantes sean partícipes de estos nombramientos y de la aprobación de nuestro perfil político. Y tenemos que incrementar nuestro debate que para ser más rico, deberíamos establecerlo con las puertas abiertas y/o en los propios ámbitos donde se desarrolla la vida social de nuestros ciudadanos mediante nuestra propia implicación.
Porque el compromiso político de izquierdas es insuficiente si solo se pretende ejercer desde en un partido político.
Tenemos lo más importante que es miles de militantes y simpatizantes dispuestos a trabajar y que todavía creen en nuestro proyecto. Lo que necesitamos es recuperar el valor que jamás debimos perder, el de un partido socialista, claramente de izquierdas y que sea la herramienta más útil para la ciudadanía en la voluntad de cambiar nuestra sociedad.
Yo lo tengo claro, toca trabajar muy duro y animo a todas aquellas personas que se sientan socialistas y a las que el partido haya podido defraudar en los últimos años a que vuelvan y nos ayuden a hacer posible el cambio necesario para que un nuevo partido socialista sea posible.

 
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